Sólo los ambombados están seguros

Había acompañado al tío a hacer algunos mandados, y a la vuelta nos sentamos en plaza Batlle a ver la gente que salía de misa. Mucha gente mayor, mucha viuda, por lo que se veía. El padre Espada les daba la mano y dedicaba algunas breves palabras a cada uno de sus feligreses. Salió una compañera de clase con sus padres, el hombre era policía y se comentaba que le pegaba a la mujer. Ella Read More …

Dos mojarras y una tortuga

Un día vi pasar unos gurises con un calderín y unos pescaditos en la mano. Era ya bastante después de la siesta así que me imaginé que habían pasado toda la tarde de pesquería. Y me entraron ganas de ir. Mi padre habría sido la primera opción, porque a veces, en semana santa, se iba a cazar y de pesquería con unos amigos. Pero yo no podía. Primero, era muy chico, o eso decía mamá Read More …

Dos de noviembre

Todos los dos de noviembre marchábamos en familia al cementerio. El camino que seguíamos corría junto a la vía por casi medio kilómetro, y nunca faltaba quien caminara unos metros sobre los rieles. La tía Ana era fina para caminar arriba de las vías, igual te caminaba una cuadra, rapidito y sin perder el equilibrio nunca; yo le envidiaba la habilidad. El tío Gabino decía que no se caía porque era petisa, pero yo era Read More …

Cometas de nombre raro

Era una primavera bien ventosa y las cometas se veían por todo el cielo. Las mirábamos con el tío; pasábamos rato, el mateando y yo jugando con alguna piedra o algo. A veces conversábamos un poco, pero eran frases cortas, el tío tomaba mate despacio, casi siempre sólo, por eso mismo. Había gente lo devolvía enseguida, como si el objeto de tomar mate en ronda sólo fuese tomar agua caliente con yerba. Y hablaba poco Read More …

Helados derretidos

– ¿Vamo en el vasco, Julito? – dijo el tío, ya en el portón. Yo había hecho la mitad del camino hasta donde estaba, cuando preguntó: ¿No le pregunta a su madre? Podía decir que no hacía falta, que era ir y venir, ahí, hasta el vasco nomás, pero era más rápido ir a preguntar, que discutir y tener que ir igual. Encontré a mamá con los ojos llenos de lágrimas y me asusté. Ella Read More …

Tobera

Unos amigos del tío habían estado de cacería por campaña y le avisaron que tenían algunas mulitas y chorizos de carpincho. La mulita era rica, sabrosa, pero los chorizos eran medio fuertones, así que apenas comía. O comía solo cuando se hacían cazuelas, lo mismo que el charque. Pero al tío le encantaban y los amigos, que lo conocían, le avisaban siempre que hacían y él encantado. Le pregunté, una vez, porque no hacía él Read More …

Cecilia

Y un día las palabras encontraron su orden. Y dejaron de empujarse y tropezar. Y ella respondió. Y no imaginé que su voz fuera mágica. Porque sólo escuché su voz, sólo escuché su voz. Por varios días. Sólo escuché su voz. Y creí que todo era distinto. Y se lo dije al tío. El me miró, para nada conmovido, y dijo: – La pucha que le pegó fuerte el primer amor. – Quedé tan sorprendido Read More …

Un árbol en el fondo de casa

El tiempo vuela cuando disfrutamos; los malos momentos son los que se llevan la mayor parte en los relatos. El “y vivieron felices por siempre” es mucho más corto que toda la tragedia de los personajes, aunque “por siempre” signifique toda la vida. Eso fue lo que sentí cuando Nippur se fue. Me había acompañado por casi ocho años, pero, mientras iba cada vez más profundo con la pala, me parecía que sólo habíamos estado Read More …

Cuando mi tío se quedó sin caña

Fue raro que me llamara mamá. O, mejor dicho, si uno se ponía a pensar (cosa que yo no estaba en condiciones de hacer) ella mejor que nadie sabía de la fuerza de lo que el tío y yo sentíamos. Habló un rato largo, creo que consolándome o diciendo que no era taaaan necesario que fuera, que el tío sabía que estaba con él y así. Pero ella sabía tan bien como yo que luego Read More …