Cuando me tocó hacer de maestro

Hacía dos o tres años que estaba pasando con buena nota y un día me di cuenta que hasta podía ser escolta y todo. Abanderado era muy difícil, ni hablar de la uruguaya, eso era cosa de los hijos del contador. Esos eran finos para los números, mi padre decía que era porque eran judíos; unas gotas de sangre moshe adentro de uno y las cuentas se le hacen solas, decía. Había dos en Artigas, Read More …

Ya es hora

Tosió de nuevo.Meneó la cabeza y un rictus de dolor se le escapó cuando intentó asomarse a ver si le habían oído.Nada se veía alrededor y se dejó deslizar nuevamente tras los escombrosAlgún día tendría que terminar, se dijo, siempre lo había sabido.Incluso cuando, un par de décadas atrás, recién comenzaba; lo único seguro era que todo acababa, tarde o temprano.Eso lo sabía desde hacía años, pero con estos otra convicción había comenzado a crecer Read More …

Ciego

Inspiré pero realmente no estaba seguro de qué iba a decir, así que dejé escapar el aire, mis hombros se hundían a medida que el aire escapaba de mis pulmones. Ella me miró, desde detrás de la puerta entreabierta. Su mano izquierda a lo largo del borde, su frente apoyada sobre el anillo que le regalara cuando todo era esperanza.– Te va a quedar una marca – dije, torpe. No pareció entender a qué me Read More …

Entre Noblía y Aceguá

Todo el que visita el pueblo por primera vez pregunta por ella. Y, tal vez porque la respuesta que reciban sea siempre el silencio, es comprensible que la curiosidad nunca se agote. Una tumba, pintada de un inmaculado blanco de cal, pegada al alambrado del cementerio. No en, sino junto al cementerio. Y si uno insiste y pregunta en el boliche, las voces bajan y el ruido del reloj se hace patente. Porque hay cosas Read More …

El elefante del circo

Por culpa de uno de esos circos que van de pueblo en pueblo, una vez mi abuelo Braulio ‘tuvo detenido por faltarle el respeto a la autoridá. Resulta que fue uno allá, a Artigas.Tenían un forzudo, unos malabaristas, un mono que te peliaba, un mago y hasta un tigre de los de verdá.Mis tíos, que eran muchachones, le pidieron al abuelo Braulio pa ir.El meta decir que no, que no.Que había que trabajar en la Read More …

Rumbo a la escuela

No es que la escuela estuviese taaaaan lejos, tampoco. Ocho, nueve leguas, capaz; no llegaba a diez. Pero, a veces, se hacía un poco largo en invierno, con los fríos. Había que salir el día antes, y salir medio temprano, cosa de llegar en hora y estar cerca de la puerta cuando la maestra tocaba la campana. Éramos catorce nosotros, bastantes. Es más que diez catorce. Pero no íbamos todos a la escuela porque unos Read More …

Albino

Si mi primo Albino quería algo en esta vida, eso era ser famoso. No importaba mucho en qué, la cosa era que su nombre apareciera en un cartel, cuanto más grande, mejor. Y no te digo cuando se enteró que en otros lados se hablaba otros idiomas. Claro, porque si uno vive en Artigas que el cartel se te escriba en español o brasilero es casi lo mismo. Entonces el Albino quería ser famoso en Read More …

Difícil de explicar

Había sido una mañana tranquila. Un par de llamados por hipertensión, un niño que había recibido una descarga eléctrica y un tipo en moto que había chocado contra una volqueta. Gonzalo se negaba a aceptarlo, pero ese hombre estaba vivo por borracho. – Casi se mata, por borracho – decía. Eso era indiscutible, pero los borrachos tienen un dios aparte, salen con moretones (o la clavícula rota, como en este caso) de accidentes que le Read More …

Los cuchillos del “Chumbo” Guerra

Aparte de algunos muy buenos jugadores de fútbol, Artigas nunca había dado otros deportistas conocidos. No era que a la gente le importara mucho, la verdad sea dicha; porque teniendo al Independencia, a Wanderers y San Eugenio, los artiguenses ya estábamos locos de contentos. Hasta que apareció el Chumbo Guerra.El Chumbo Guerra cambió todo. Porque la gente se puso a escuchar ciclismo de un día para el otro, porque el Chumbo corría que era un Read More …

Jogging

Aunque la religión estaba prohibida desde los tiempos de la revolución, Lin Ke Tong era un ferviente adepto a una de las más modernas entre ellas; el jogging. Trataba de correr siempre que podía, cualquiera fuese la ciudad a la que estuviera destinado. Y lo hacía sólo, habitualmente, pues los miembros de la Guoanbu debían mentir sobre su trabajo. No era imprescindible hacerlo, pero nadie se sentía cómodo con él luego de saber que pertenecía Read More …