Para qué
Que sean tus labioslos últimos en nombrarme.Porque, si no es en ti,para qué, para qué…
Que sean tus labioslos últimos en nombrarme.Porque, si no es en ti,para qué, para qué…
Entre las luces de la calleavanzoEntre farolasY mis pasos de son amortiguadopasos de gomaen pies de barroPiensoPiensoY las opcionescomo la sombra y la luzque se alternaninclinan, hacia uno y otro ladolos brazos de la balanzaque no es ciegaNoNoQué fácil si lo fueraQué fácil todoSi no hubiera oscuridadO la esperanza que dala luzEntre tantatantaOscuridad
Sintió lo rugoso de la corteza y a través de ella la vida que bullía en la madera, sintió como pocas veces que el árbol estaba vivo, que era viejo y sabio y bueno. Decidió pasar allí la noche, no habría mejor lugar y no quería llegar a la ciudad en el ocaso. Prefería hacerlo a la mañana, con tiempo para encontrar un lugar donde darse un buen baño y estar presentable cuando se encontrara Read More …
Galopa, galopa. Su cabello danza, salta Vivo Cuando galopa. Sobre mí
En el linde,la cornisa.En el borde,la frontera.Entre un pasoy el siguiente.Antes de soltar el aireque,hasta entonces,retuviera
Uno de los paseos que más nos gustaba, a Nippur y a mí, era ir al predio de la arrocera; allá, donde el tío Gabino había aprendido a andar en bicicleta. Podíamos jugar, saltar, revolcarnos en las cáscaras de arroz, muertos de risa, sabiendo que no había nada con lo que pudiéramos golpearnos. Cuando uno puede jugar sin preocuparse por su seguridad, la cosa se pone divertida bien rápido. Pero también se pone cansadora y, Read More …
Latían dentro de mí los indicios, las pistas, las dudas Reptaban en el fondo de mi mente las preguntas Se acallaban, a veces, tomando impulso Y atacaban, luego, alevosas Abordaban cual piratas de la mar desprevenida E inundaban, torrentosas, el árido de mi vivir Reptaban, subrepticias, en el fondo de mi mente Pero a ellas temía menos que al pavor de la certeza.
Caminaba despacio entre los árboles del jardín japonés, la luz del sol se colaba entre las ramas y llenaba el estanque de círculos dorados. Un pez Koi nadaba, lánguido, en un agua que no era tan cristalina como cualquiera esperaría, sino casi del color de la canela. Un agua del color del muslo de una mujer deseada. Crucé un puente que remedaba a alguno en Tokio o Kyoto, una cascada murmuraba entre las rocas, agregando Read More …